Cuba depende casi totalmente de importaciones de petróleo para mantener su sistema eléctrico, ya muy deteriorado. La isla necesita unos 110.000 barriles diarios, de los cuales poco más de 40.000 se producen localmente, y debe importar los 70.000 restantes, aunque la falta de divisas impide cumplir con esta cifra, generando apagones y escasez de combustible.
Principales proveedores
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Venezuela: En 2025 envió aproximadamente 27.000 barriles diarios.
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Rusia: Aportó cerca de 6.000 barriles diarios.
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México: Entre 6.000 y 12.000 barriles diarios, dependiendo de estimaciones y acuerdos, aunque la cifra exacta no ha sido confirmada oficialmente.
Los envíos pueden ser pagados mediante créditos, donaciones, intercambios de servicios médicos o bajo acuerdos por debajo del precio de mercado. Además, en algunos casos Cuba revende parte del petróleo, por ejemplo a China, para obtener divisas frente a la caída del turismo y las remesas.
Contexto y riesgos
La mayor parte del petróleo se destina a termoeléctricas obsoletas, que representan 65 % del consumo, según la ONEI y la Universidad de Texas. La caída de suministros, como la reducción de crudo venezolano, podría causar:
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Disminución del PIB en 27 %.
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Incremento del 60 % en precios de alimentos.
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Subida del 75 % en transporte.
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Reducción del 30 % en el consumo de los hogares.
México, nuevo actor clave
México ha aumentado sus envíos en los últimos años, pero la presidenta Claudia Sheinbaum no ha confirmado ni desmentido un posible parón reciente de crudo por parte de Pemex. El tema es delicado, especialmente en el marco de la revisión del T-MEC y la presión de Estados Unidos, que recientemente firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles a países que vendan petróleo a Cuba.
En resumen, Cuba depende de un equilibrio delicado entre Venezuela, Rusia y México, y cualquier interrupción significativa del suministro tiene impactos directos sobre su economía y la vida diaria de sus ciudadanos.



