Una ligera mayoría de ciudadanos en siete países de la Unión Europea considera al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como un “enemigo de Europa”, según un sondeo publicado por la revista francesa de geopolítica Le Grand Continent.
La encuesta, realizada a 1.000 personas en cada país —Francia, Bélgica, Alemania, Italia, España, Dinamarca y Polonia— entre el 13 y el 19 de enero, se llevó a cabo tras las declaraciones de Trump sobre su intención de tomar el control de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca.
De acuerdo con los resultados, un 51 % de los encuestados considera a Trump un enemigo de Europa, frente a solo un 8 % que lo ve como un aliado. Esta percepción mayoritaria se repite en seis de los siete países analizados, con la excepción de Polonia, donde solo un 28 % califica su actitud como hostil.
En el caso polaco, un país fronterizo con Rusia que tradicionalmente ve a Estados Unidos como garante de su seguridad, el 48 % de los encuestados considera que Trump no es ni amigo ni enemigo, una posición neutral que también comparten, en promedio, el 39 % de los ciudadanos consultados en el conjunto de países.
Dinamarca encabeza la lista de países donde Trump es visto con mayor desconfianza, con un 58 % que lo considera un enemigo, el mismo porcentaje registrado en España. Le siguen Bélgica (56 %), Francia (55 %), Alemania (53 %) e Italia (52 %).
El sondeo también abordó la operación militar estadounidense que llevó a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Un 63 % de los encuestados la calificó como ilegal por violar la soberanía nacional e internacional, frente a un 25 % que la consideró legítima.
En este contexto de crecientes tensiones internacionales, el 73 % de los consultados opina que la Unión Europea debería garantizar su propia defensa en el futuro sin depender de Estados Unidos, mientras que solo un 22 % cree que aún es viable contar con el apoyo de Washington.
Aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar y el actor central de la OTAN, la encuesta refleja una creciente percepción en Europa de dependencia estratégica y la necesidad de asumir un mayor protagonismo en materia de defensa.



