Sarah Mullally se convirtió este miércoles en la primera mujer en ocupar el cargo de Arzobispa de Canterbury, la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra y líder ceremonial de la Comunión Anglicana mundial, al jurar oficialmente el cargo en la Catedral de San Pablo de Londres. Su consagración definitiva tendrá lugar el 25 de marzo en la Catedral de Canterbury.
La ceremonia, formal y cargada de pompa, tuvo escasa repercusión popular en un país marcado por la secularización: solo el 27 % de ingleses y galeses se identifican como cristianos, y apenas el 10 % asiste regularmente a la iglesia. Ni la familia real ni miembros del Gobierno laborista estuvieron presentes; el acto tuvo un carácter interno, con apenas medio centenar de asistentes aplaudiendo a la nueva arzobispa.
El nombramiento de Mullally ha generado controversia entre sectores conservadores del anglicanismo. Tras conocerse su elección en octubre pasado, un grupo de iglesias africanas lideradas por el obispo ruandés Laurent Mbanda se escindió, formando la Conferencia Global por el Futuro Anglicano (CAFCON). La tensión refleja el rechazo de algunas ramas más tradicionales a la elección de una mujer y a las posturas progresistas de la jerarquía anglicana, especialmente en temas de identidad sexual.
Mullally, de 63 años, fue elegida tras la renuncia de Justin Welby, su predecesor, que dimitió por su controvertida gestión de un caso prolongado de abusos en la iglesia. Su liderazgo enfrentará el desafío de unir a una Iglesia de Inglaterra dividida y de asumir un rol relevante en debates sociales y políticos, con la mirada puesta en cómo la percibirán los dirigentes políticos: ¿como aliada o enemiga?



