Los costarricenses acudirán a las urnas para elegir presidente en un clima marcado por la inseguridad y el descontento social, con una candidata de derecha que parte como clara favorita gracias a su discurso de mano dura frente al avance del narcotráfico, un fenómeno que ha golpeado con fuerza a un país que durante décadas fue visto como uno de los más seguros de América Latina.
La oficialista Laura Fernández encabeza la intención de voto con un porcentaje que le permitiría ganar en primera vuelta, impulsada por una narrativa de continuidad y por su cercanía con el actual presidente Rodrigo Chaves, cuya retórica confrontativa le ha asegurado un respaldo importante entre amplios sectores de la población.
Su eventual triunfo ampliaría la presencia de gobiernos de derecha en la región, aunque el panorama sigue abierto debido al alto número de votantes indecisos. Cerca de 3.7 millones de ciudadanos están llamados a elegir no solo al próximo presidente, sino también a los 57 diputados que integrarán la Asamblea Legislativa durante los próximos cuatro años.
Fernández mantiene una amplia ventaja sobre su rival más cercano, el economista Álvaro Ramos, capitalizando la popularidad del gobierno actual y prometiendo medidas drásticas contra la criminalidad, entre ellas la construcción de una prisión de gran escala y la aplicación de estados de excepción, iniciativas inspiradas en políticas implementadas en El Salvador.
Durante la actual administración, el país ha registrado cifras históricas de homicidios, situación que el gobierno atribuye a la debilidad del sistema judicial y a la falta de apoyo legislativo. Por ello, la candidata oficialista insiste en la necesidad de obtener una mayoría parlamentaria que permita reformas profundas a la Constitución y al sistema de justicia.
Sus adversarios advierten sobre un posible giro autoritario y acusan al oficialismo de populismo, mientras sectores de la oposición temen que el actual mandatario mantenga una influencia decisiva en el poder y busque eventualmente regresar a la presidencia, alimentando un debate político cargado de incertidumbre y tensión.



