El Gobierno de Nicaragua, encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, podría estar evaluando una negociación con Estados Unidos luego de la caída de su aliado venezolano, Nicolás Maduro, según un análisis que advierte movimientos inusuales del oficialismo nicaragüense.
El reciente nombramiento del canciller Denis Moncada como encargado de negocios en Washington es interpretado como un intento de abrir un canal directo de comunicación con el Gobierno estadounidense. A esto se suma una reacción considerada atípicamente moderada por parte de Ortega y Murillo frente a los acontecimientos en Venezuela, evitando señalamientos directos contra Estados Unidos.
El análisis señala que existen indicios de contactos que podrían conducir a una eventual negociación, en un contexto donde Managua habría tomado nota de que aliados estratégicos como China y Rusia no intervinieron para sostener a Maduro, lo que deja a Nicaragua en una posición aún más vulnerable.
Ante este escenario, el Ejecutivo sandinista enfrenta el dilema de mantener un discurso de confrontación ideológica, asumiendo mayores presiones internacionales, o bien optar por una apertura gradual que le permita conservar el poder sin poner en riesgo sus intereses centrales, incluso negociando directamente con la administración de Donald Trump.
El estudio advierte que es probable un incremento de la presión estadounidense, especialmente en un contexto político interno donde Washington busca mostrar resultados concretos en la región. En ese tablero geopolítico, Nicaragua aparece como un objetivo accesible.
Finalmente, se plantea que distintos sectores del poder en Nicaragua podrían alinearse para impulsar una salida pragmática que garantice la continuidad del régimen bajo nuevas condiciones, incluso contemplando escenarios de sucesión controlada o concesiones estratégicas para preservar el control de la estructura estatal.



