Entre el 1 y el 18 de enero, 577 migrantes irregulares arribaron a Panamá tras ver frustrados sus planes de llegar a Estados Unidos, donde la política migratoria de la segunda presidencia de Donald Trump ha endurecido los controles y promovido deportaciones masivas.
Las autoridades migratorias informaron que la mayoría son venezolanos, seguidos de colombianos, ecuatorianos, y ciudadanos de otros países. La mayoría provenía de México, donde quedaron varados ante la imposibilidad de cruzar la frontera con EE. UU.
En Panamá, los migrantes llegan principalmente a Miramar, desde donde toman botes hacia Puerto Obaldía, en la provincia de Darién, fronteriza con Colombia, y continúan su viaje por vía marítima hasta Necoclí.
Este flujo inverso refleja el fin de la crisis migratoria que afectó el Darién desde 2021, cuando los cruces irregulares alcanzaron su punto más alto. Según datos oficiales, los tránsitos por la selva disminuyeron de 302.203 en 2024 a apenas 3.091 en el último año, gracias a la política migratoria de Trump y a medidas panameñas como el cierre de caminos en la selva.



