La oficialista Laura Fernández, politóloga de 39 años y admiradora de la guerra antipandillas del presidente salvadoreño Nayib Bukele, se perfila como la favorita para las elecciones presidenciales en Costa Rica. Fernández lidera la intención de voto con cerca del 40%, suficiente para ganar en primera vuelta según las encuestas, y propone mano dura contra la creciente violencia del narcotráfico en un país que históricamente se ha considerado seguro.
Su campaña se apoya en la popularidad del presidente Rodrigo Chaves, buscando la continuidad de su enfoque confrontativo y de fuertes medidas de seguridad. Fernández promete construir un penal de alta seguridad inspirado en la megaprisión de Bukele e imponer estados de excepción para combatir la criminalidad, medidas que generan preocupación entre opositores y organizaciones de derechos humanos por posibles violaciones a libertades fundamentales.
Los analistas advierten sobre una posible “transición autoritaria” y el debilitamiento del Estado de bienestar costarricense, mientras la candidata busca asegurar una mayoría legislativa que le permita reformar el sistema judicial y consolidar su agenda. La oposición alerta que Costa Rica podría estar adoptando modelos de seguridad y concentración de poder similares a los de El Salvador.
Con 20 candidatos en disputa y unos 3,7 millones de votantes llamados a las urnas, la elección no solo definirá al nuevo presidente, sino que marcará el rumbo político y la orientación de la seguridad y la justicia en el país durante los próximos cuatro años.



