A solo 11 kilómetros de las costas venezolanas, Trinidad y Tobago se ha convertido en el nuevo foco de tensión en el Caribe tras estrechar su alianza con Estados Unidos y permitir ejercicios militares en su territorio, una jugada que el Gobierno de Nicolás Maduro califica como una “provocación descarada” y una amenaza directa a la soberanía de Venezuela.
El pequeño país insular, visible desde tierra firme venezolana, comparte con su vecino el golfo de Paria, una zona marcada por el contrabando, el narcotráfico y las rutas migratorias ilegales. Sin embargo, el reciente despliegue militar estadounidense ha encendido las alarmas en Caracas, que acusa a Puerto España de servir de “plataforma logística” para una posible ofensiva contra el régimen chavista.
Mientras Washington asegura que sus maniobras buscan frenar el narcotráfico, el Gobierno venezolano ve detrás de ellas una estrategia encubierta para debilitarlo políticamente. En respuesta, Maduro ordenó suspender de inmediato los acuerdos gasíferos con Trinidad y Tobago, luego de que la primera ministra Kamla Persad-Bissessar respaldara públicamente las operaciones conjuntas con Estados Unidos.
La tensión escaló al punto de que el Parlamento venezolano declaró a Persad-Bissessar “persona non grata”, acusándola de formar parte de un “plan sistemático para agredir y atentar contra la paz y la autodeterminación del pueblo venezolano”.
Expertos advierten que el deterioro de las relaciones entre ambos países podría arrastrar a toda la región a una crisis diplomática sin precedentes. Según el analista Mariano de Alba, Trinidad y Tobago ha abandonado la neutralidad que mantenía en el pasado y se ha alineado abiertamente con los intereses de Washington, buscando evitar que el gas caribeño “beneficie significativamente” al Gobierno de Maduro.
La historia parece repetirse: Estados Unidos ya utilizó maniobras similares en el Caribe antes de la invasión de Panamá en 1990. Hoy, la sombra de un nuevo conflicto vuelve a cernirse sobre el mar Caribe, donde cada movimiento militar podría ser la chispa que encienda un enfrentamiento regional con consecuencias impredecibles.

