El país entra en alerta máxima. La tormenta tropical Melissa amenaza con desatar lluvias torrenciales y vientos peligrosos sobre gran parte del territorio nacional, y el Gobierno ya ha tomado medidas drásticas: la suspensión inmediata de la docencia en nueve provincias y la reducción obligatoria de la jornada laboral.
Con vientos sostenidos de 85 kilómetros por hora y desplazándose con fuerza desde el sur, Melissa avanza decidida, obligando a las autoridades a declarar alerta roja en zonas clave, incluyendo la capital, Santo Domingo. La mayoría de las provincias afectadas se ubican en la costa caribeña, una de las más vulnerables ante fenómenos meteorológicos de esta magnitud.
En una rueda de prensa cargada de tensión, las autoridades revelaron que los trabajadores del sector público y privado deberán cesar labores más temprano de lo habitual, como parte de un plan de contingencia que busca evitar desgracias mayores.
Los pronósticos no son alentadores. Mientras algunos modelos anticipan acumulaciones de lluvia superiores a los 300 milímetros en regiones del suroeste, otros van más allá, advirtiendo que podrían registrarse hasta 400 milímetros o más, una cifra que podría provocar crecidas de ríos, deslizamientos de tierra y severas inundaciones.
Melissa, ya catalogada como la tormenta número 13 de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, podría convertirse en huracán durante el fin de semana, una posibilidad que pone en vilo a miles de familias en todo el país.
Las autoridades llaman a la población a mantenerse informada, extremar precauciones y seguir al pie de la letra las recomendaciones de los organismos de emergencia. La amenaza es real, y el país se prepara para lo peor.

