En las zonas de bosque seco del sur de Honduras, especialmente en departamentos como Valle y Choluteca, vive una especie poco conocida pero sumamente especial: la Melipona beecheii, una abeja sin aguijón que ha sido cultivada desde tiempos precolombinos por pueblos indígenas como los mayas y los lencas.
A diferencia de las abejas comunes que todos conocemos, esta especie no pica y produce una miel muy particular, más líquida, de sabor intenso y con propiedades medicinales comprobadas. En muchas comunidades rurales, la miel de esta abeja —conocida localmente como «miel de abeja real» o «miel de monte»— se utiliza para tratar afecciones respiratorias, digestivas e incluso problemas oculares.

Estas abejas habitan en troncos huecos o cajas especiales que los campesinos cuidan con dedicación. Además de ser una fuente de ingresos sostenible, su conservación también representa una lucha por mantener vivas las tradiciones ancestrales y proteger la biodiversidad hondureña.
Hoy en día, diversos proyectos comunitarios promueven la meliponicultura (crianza de abejas sin aguijón) como alternativa económica y ecológica, posicionando a Honduras no solo como un país rico en naturaleza, sino también como guardián de especies únicas que conectan el presente con el pasado.

