Una nueva escalada en el conflicto entre Rusia y Ucrania se registró con el lanzamiento de tres misiles balísticos y 51 drones por parte de las fuerzas rusas, que buscaban golpear objetivos estratégicos y civiles en distintas regiones ucranianas. La defensa de Ucrania logró interceptar o neutralizar 31 de estos aparatos, evitando daños mayores y demostrando la capacidad de respuesta de sus sistemas antiaéreos.
El ataque se ejecutó desde Crimea y varias zonas fronterizas rusas, utilizando drones Shahed, Gerbera y otros modelos, mientras los misiles Iskander-M impactaban en localidades clave. Las unidades ucranianas desplegaron una combinación de aviación, misiles antiaéreos, guerra electrónica y grupos móviles para repeler la ofensiva, logrando proteger gran parte de la infraestructura y la población civil.
Aun así, las agresiones dejaron sin electricidad a miles de residentes en las regiones de Míkoláyiv, Jersón, Donetsk y Dnipropetrovsk, tras daños a instalaciones de generación y transmisión energética. El Ministerio de Energía informó que se trabaja para restablecer el servicio a la mayor brevedad posible y confirmó que, pese al ataque directo a una central térmica en la frontera, no se registraron víctimas.
Este episodio subraya la continuidad de la guerra aérea y la amenaza constante sobre la infraestructura crítica ucraniana, en un conflicto que mantiene en tensión a toda la región y que pone de relieve la resiliencia de las fuerzas de defensa ante los ataques rusos.

