Las intensas lluvias de los últimos días han generado un preocupante incremento en los niveles del río Choluteca, lo que ha obligado a declarar alerta roja para el Distrito Central, así como para municipios del sur como Choluteca, Marcovia y Alianza, en el departamento de Valle. La situación también afecta al río Goascorán, que presenta un caudal elevado y representa riesgo para comunidades ribereñas.
Este fenómeno es resultado de la interacción de una vaguada en superficie con la humedad que ingresa tanto desde el océano Pacífico como del mar Caribe, provocando lluvias persistentes, tormentas eléctricas y chubascos de intensidad variable en las zonas central, sur y suroccidental del país. Como consecuencia, varias zonas se encuentran bajo riesgo inminente de inundaciones, desbordamientos, deslizamientos y daños estructurales.
Las autoridades han ampliado la alerta amarilla para los departamentos de Comayagua, La Paz, Intibucá, Lempira, Ocotepeque, El Paraíso y otras zonas del sur, mientras que en Copán, Santa Bárbara y Olancho se mantiene la alerta verde. La población ha comenzado a reportar calles anegadas, deslizamientos y viviendas afectadas, especialmente en zonas vulnerables como la colonia Reynel Fúnez y la aldea El Lolo, en la periferia de Comayagüela.
Esta situación revive el recuerdo de eventos pasados de gran impacto, como el devastador paso del huracán Mitch en 1998, cuando el río Choluteca se desbordó con fuerza destructiva y arrasó con comunidades enteras en Tegucigalpa y el sur del país. En los últimos cinco años, las temporadas de lluvias también han provocado emergencias similares, con inundaciones en Marcovia, cierre de carreteras en El Corpus y daños en infraestructura básica.
Aunque en años recientes se han hecho esfuerzos por mejorar los sistemas de monitoreo y respuesta ante desastres, muchos sectores aún carecen de infraestructura adecuada para resistir fenómenos extremos. La falta de drenajes eficientes, la urbanización desordenada y la acumulación de basura en quebradas siguen siendo factores que agravan cada temporada de lluvias.
Los equipos de emergencia han intensificado los operativos de prevención, habilitado rutas alternas y desplegado personal en zonas de alto riesgo. Se ha recomendado a la población evitar cruzar ríos crecidos, asegurar techos, limpiar canaletas y, de ser necesario, evacuar de manera preventiva.
Este tipo de emergencias recuerda que Honduras continúa siendo uno de los países más vulnerables al cambio climático en la región. Las lluvias intensas seguirán siendo una amenaza constante mientras no se refuercen las políticas de prevención, ordenamiento territorial, reforestación y protección ambiental. La respuesta a estas crisis no puede limitarse a reacciones temporales: urge un enfoque integral que priorice la resiliencia comunitaria, la planificación sostenible y la inversión en infraestructura segura. La naturaleza ha dado un nuevo aviso, y el país debe estar preparado para actuar más allá de la emergencia.

