Nueva York. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó este martes la transformación de la fallida Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS, por sus siglas en inglés), liderada por Kenia, en una nueva Fuerza de Eliminación de Pandillas (Gang Suppression Force, GSF). La resolución fue impulsada por Estados Unidos y Panamá.
La resolución, de aplicación inmediata, fue adoptada con 12 votos a favor, 3 abstenciones —China, Rusia y Pakistán— y ningún voto en contra.
Controversia y críticas por la resolución
China argumentó su abstención señalando que el fracaso de la MSS se debió en parte a que «un importante país», en referencia a Estados Unidos, «incumplió sus compromisos iniciales». Además, criticó que no se haya realizado un estudio de campo previo ni se haya involucrado a todos los miembros del Consejo.
Por su parte, el embajador ruso, Vasili Nebenzia, calificó la iniciativa como “una aventura peligrosa y mal planificada”, reafirmando su escepticismo frente a la nueva misión.
Una nueva fuerza con muchas incógnitas
Según el texto aprobado, la GSF contará con hasta 5,500 efectivos —policías o militares—, apoyados por 50 civiles, y tendrá un mandato inicial de 12 meses. Aunque se espera que Kenia mantenga su rol de liderazgo, otras naciones del Caribe y Centroamérica podrían sumarse.
La MSS, cuyo mandato expiraba este jueves, tenía como objetivo desplegar 2,500 efectivos, pero solo logró reunir 970, de los cuales 700 eran kenianos.
Sin embargo, la GSF no cuenta con financiación garantizada: el costo operativo dependerá de contribuciones voluntarias. La MSS había proyectado un presupuesto de 600 millones de dólares para su primer año, pero solo se recaudaron 115 millones.
Mandato ambiguo y preocupaciones sobre derechos humanos
El texto presenta contradicciones que generan inquietud. Si bien la GSF operará en coordinación con la Policía Nacional de Haití (PNH), también se le autoriza a actuar de forma “independiente” en operaciones para neutralizar pandillas.
Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por el uso de fuerza letal y por una redacción ambigua que promete actuar «conforme al derecho internacional y los derechos humanos, según proceda«, lo que podría abrir la puerta a violaciones en una población civil ya gravemente afectada por crisis humanitarias.
El reto de enfrentar pandillas con niños en sus filas
Uno de los desafíos más delicados que enfrenta la nueva fuerza es la presencia de menores de edad en las pandillas, que controlan cerca del 90 % de Puerto Príncipe. Se estima que hasta el 50 % de los aproximadamente 5,500 pandilleros son niños o adolescentes.
La resolución menciona que se tomarán medidas para asegurar que los menores detenidos sean remitidos a agencias de protección infantil, aunque no se detallan mecanismos específicos de desarme, desmovilización y reintegración.
Protección de infraestructura y coordinación con la ONU
La GSF tendrá como prioridad recuperar y proteger infraestructuras críticas, como el aeropuerto de Puerto Príncipe y puertos clave, actualmente en manos de las pandillas, que incluso se benefician de la ayuda humanitaria internacional.
Aunque la resolución fue aprobada por el Consejo de Seguridad, la GSF no tendrá el carácter de una misión oficial de paz de la ONU, lo que la desvincula de fracasos anteriores como la MINUSTAH (2004–2017).
No obstante, se coordinará con una nueva entidad, la Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas en Haití (UNSOH), y se exigirá la presentación de informes trimestrales ante el Consejo de Seguridad y los países donantes para monitorear el avance de la misión.
Una apuesta de alto riesgo
El relanzamiento de la intervención internacional en Haití refleja el fracaso de la MSS y el deterioro acelerado de la situación de seguridad en el país. Con un mandato ambiguo, sin financiación asegurada y con preocupaciones crecientes sobre el respeto a los derechos humanos, la GSF inicia su camino en medio de una profunda incertidumbre.

