En un caso que ha estremecido a todo México por su frialdad y crueldad, una mujer fue sentenciada a 20 años de prisión tras ser hallada culpable de facilitar el brutal asesinato de sus propios padres, hermanos, cuñada y dos sobrinos. La escena: su hogar familiar en Boca del Río, Veracruz, que se convirtió en un auténtico campo de exterminio.
La mujer, identificada como Yesenia Ivón «N», fue encontrada culpable de homicidio doloso calificado, luego de que la Fiscalía lograra probar que abrió la puerta de la casa para permitir el ingreso de sicarios armados, quienes ejecutaron uno de los crímenes más atroces en la historia reciente del estado.
Las víctimas eran siete integrantes de la familia Castillo Candela, reconocidos comerciantes de carne originarios de Durango. La matanza no hizo distinciones: padres, hermanos, cuñada y hasta dos menores de edad fueron acribillados sin piedad. Todo ocurrió mientras Yesenia se encontraba en el lugar, supuestamente en compañía de su hijo y una sobrina.
Durante el juicio, su defensa intentó pintarla como una víctima más. Sin embargo, los peritos y testigos desmontaron su versión. Las pruebas fueron contundentes: ella no solo estuvo presente, sino que participó activamente en la planeación del crimen.
Las motivaciones detrás de la masacre son igual de escalofriantes. Se presume que el móvil fue económico: una disputa por herencia y el aparente deseo de quedarse con parte de los negocios familiares. Una ambición que terminó en sangre.
Yesenia fue capturada semanas después en Durango, en un operativo en el que participaron tres estados. Al momento de su detención estaba embarazada y dio a luz tras su traslado a Veracruz.
Aunque la ley contempla penas de hasta 70 años por homicidio calificado, el tribunal consideró su participación como indirecta, limitando la condena a 20 años. Esta decisión ha generado indignación entre muchos ciudadanos que exigen justicia plena ante un acto tan despiadado.
Este multihomicidio ha dejado una cicatriz imborrable en la memoria colectiva de Veracruz, no solo por la magnitud de la tragedia, sino por la traición que supuso: una hija que entregó a su propia familia a manos de asesinos.

