Aunque muchos la consideran infalible, la moka italiana —o cafetera greca— puede producir un café demasiado fuerte, amargo o con sabor a “quemado” si no se utiliza correctamente. Los expertos aclaran que no es culpa del café ni de la cafetera, sino de cómo se maneja el proceso.
Uno de los errores más frecuentes está en la temperatura del agua: usarla demasiado caliente provoca acidez, mientras que el agua fría genera amargor. Lo ideal es agua tibia, entre 55 °C y 65 °C, y llenar la base justo por debajo de la válvula de seguridad.
El tipo de café molido también importa: se recomienda una molienda media-fina, sin prensar, ya que un café muy fino o apretado dificulta el paso del agua y provoca sobreextracción. Otro factor clave es el fuego: mantenerlo bajo o medio-bajo permite una extracción más lenta y equilibrada.
Un truco poco conocido es retirar la moka del fuego apenas empiece a salir espuma y colocar la base bajo agua fría. Esto corta la extracción y evita que los compuestos amargos se mezclen, conservando los aromas más delicados. Finalmente, revolver el café antes de servir ayuda a integrar los distintos niveles de extracción y lograr una taza homogénea y agradable.
Con pequeños ajustes en agua, café y fuego, la moka puede ofrecer una experiencia de café casero intensa pero equilibrada, evitando esa amargura que tantas veces decepciona a los amantes del café.
