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La injusta realidad del productor hondureño

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En la Honduras rural, donde miles de familias dependen del trabajo agrícola y ganadero para subsistir, se vive una paradoja económica difícil de ignorar: los productos del campo, que requieren meses e incluso años de trabajo, inversión y riesgo, se venden a precios similares —e incluso inferiores— que productos industrializados como el agua purificada, cuyo costo de producción es considerablemente menor.

Este contraste refleja una distorsión profunda del mercado nacional, donde el productor primario —el agricultor o ganadero— continúa siendo el eslabón más débil de la cadena productiva, mientras que los intermediarios y comercializadores acaparan la mayor parte de las ganancias.

Leche vs. agua purificada: ¿qué cuesta más producir?

Veamos un caso emblemático: la leche frente al agua purificada. Para producir un litro de leche, un ganadero invierte entre L 6.00 y L 8.00, considerando alimentación, sanidad animal, asistencia veterinaria, ordeño, refrigeración y transporte. A pesar de ello, el litro se vende al consumidor final por L 20.00 a L 25.00.

Por su parte, producir un litro de agua purificada en planta cuesta apenas L 1.00 a L 1.50, incluyendo energía eléctrica, filtros, agua cruda, mantenimiento y envases. Y, sin embargo, el precio de venta al público es muy similar: entre L 15.00 y L 20.00 por litro.

¿La diferencia? Mientras el agua es un producto industrial con un proceso automatizado y sin dependencia de factores naturales, la leche requiere un proceso biológico continuo, diario, sujeto a variables impredecibles como clima, enfermedades, escasez de alimentos o insumos costosos.

El esfuerzo del productor rural no se traduce en ingresos justos

La situación se agrava cuando se comparan los costos de producción agrícola y ganadera con los precios actuales de mercado:

Rubro Costo Aproximado de Producción Precio de Venta Actual
Hacienda pequeña L 250,000 – L 400,000 (terreno + infraestructura) No aplica directamente
Vaca lechera o de engorde L 20,000 – L 35,000 por animal (compra + alimentación) Varía por peso y mercado
Libra de maíz L 4.50 – L 6.00 L 7.00 – L 10.00
Libra de arroz L 5.00 – L 6.50 L 10.00 – L 14.00
Libra de carne de res L 35.00 – L 40.00 L 60.00 – L 75.00
Libra de carne de cerdo L 25.00 – L 30.00 L 50.00 – L 65.00

El agricultor o ganadero no solo invierte más dinero por unidad, sino que además espera meses o años para ver resultados, mientras el agua purificada puede venderse en grandes volúmenes diariamente con márgenes amplios.

Planta de agua purificada: bajo riesgo, alto rendimiento

Una planta purificadora básica puede instalarse con una inversión de L 500,000, incluyendo sistema de ósmosis inversa, tanques, filtros y línea de envasado. Su producción mensual puede alcanzar entre 20,000 y 30,000 litros, con costos operativos de L 15,000 a L 25,000. Esto permite un margen de ganancia mensual significativo, con mínima exposición a riesgos externos y con recuperación de inversión en menos de un año.

En contraste, un pequeño productor agropecuario requiere años para recuperar su inversión, enfrenta pérdidas por fenómenos naturales, enfermedades, escasez de insumos, precios inestables y, muchas veces, vende a intermediarios que imponen precios bajos.

 

 

¿Quién gana más? ¿Quién trabaja más?

La respuesta es tan obvia como injusta: el productor trabaja más y gana menos. Se levanta a las 4:00 a. m., alimenta animales, riega cultivos, aplica controles sanitarios, paga insumos, maneja créditos y muchas veces ni siquiera cubre sus costos. Mientras tanto, el distribuidor, el intermediario o el industrial con acceso a capital y tecnología obtiene márgenes de ganancia más altos con menos exposición al riesgo.

Una deuda histórica con el campo hondureño

Los datos evidencian una necesidad urgente de revisar las políticas públicas orientadas al agro hondureño. Entre las medidas que el sector demanda se incluyen:

  • Precios de garantía para productores.

  • Reducción de intermediación en la cadena comercial.

  • Acceso real a créditos blandos y seguros agrícolas.

  • Apoyo en tecnología, infraestructura y canales de comercialización directa.

Honduras no puede permitirse seguir marginando al productor rural, pieza clave de la seguridad alimentaria nacional. Si los incentivos no mejoran, el éxodo rural continuará, se reducirán las áreas de siembra y engorde, y dependeremos cada vez más de productos importados.

Comparar la leche, el maíz, el arroz o la carne con el agua purificada no solo revela un contraste económico, sino una injusticia estructural. En un país donde producir alimentos debería ser una prioridad, el modelo económico actual premia al que menos invierte y castiga al que más trabaja.

La dignidad del campo debe volver al centro de las políticas nacionales. Sin productores, no hay comida. Y sin justicia, no hay futuro.

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