No todos los niños forman parte de un grupo de amigos estable desde pequeños. Mientras algunos crecen con círculos cerrados, otros desarrollan relaciones más individuales o abstractas, sin sensación de pertenencia a un colectivo. Este déficit de vínculos en la infancia no siempre afecta la vida adulta, pero en ciertos casos puede dificultar la formación de amistades más adelante.
Belén de Pano, psicóloga especializada en autoestima y habilidades sociales, explica que los grupos de amigos infantiles constituyen “el segundo foco de desarrollo” tras la familia. La ausencia de estas relaciones puede generar inseguridades, baja autoestima y dificultades para relacionarse en la adultez. Estudios recientes, como el publicado en Frontiers in Developmental Psychology (2024), muestran que el aislamiento social en la infancia aumenta la probabilidad de ansiedad, depresión y problemas en las relaciones interpersonales en la edad adulta.
Sin embargo, la ausencia de un grupo cerrado no implica necesariamente soledad. Personas como Tania, de 26 años, han tenido amistades dispersas pero significativas, demostrando que se puede mantener un círculo social saludable aunque no exista un grupo único y duradero. Además, formar grupos de amigos más adelante en la adolescencia o adultez puede compensar experiencias previas negativas, siempre que los vínculos sean sanos y no tóxicos.
Casos como el de Carlos, jubilado, muestran que es posible rehacer la vida social en la adultez: hizo amistades profundas después de los 55 años y mantiene relaciones duraderas, incluso con compañeros de la infancia.
Los psicólogos destacan la importancia de trabajar la autoestima en quienes perciben negativamente la falta de un grupo de amigos durante la infancia y adolescencia. El enfoque terapéutico suele centrarse en:
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Fortalecer la autoestima: Valorar a la persona por quién es, no por cuántos amigos tiene.
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Desarrollar habilidades sociales: Mejorar la capacidad de iniciar y mantener relaciones.
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Exposición progresiva: Enfrentar los miedos sociales de manera gradual, empezando por situaciones cotidianas y aumentando la complejidad con el tiempo.
En resumen, aunque crecer sin un grupo de amigos cerrado puede suponer un desafío, no determina el futuro social. Con apoyo adecuado y estrategias progresivas, es posible construir relaciones satisfactorias y duraderas a cualquier edad.
