Funcionarios de la agencia antidrogas de Estados Unidos realizaron un sobrevuelo en la región del Chapare, una de las principales zonas productoras de cocaína en Bolivia, con el objetivo de evaluar un eventual restablecimiento de la cooperación antidroga con el país sudamericano.
La presencia de la DEA marca un giro radical en la política boliviana, luego de que la agencia fuera expulsada en 2008 bajo acusaciones de injerencia política. El actual gobierno abrió nuevamente las puertas a Washington en busca de apoyo en seguridad y lucha contra el narcotráfico, tras años de relaciones deterioradas.
Las autoridades aclararon que no se trató de un operativo policial, sino de una inspección aérea para identificar pistas clandestinas y posibles laboratorios de droga, en medio de una grave crisis de recursos que limita la capacidad operativa del Estado.
El vuelo también sobrevoló zonas sensibles donde permanece el expresidente Evo Morales, lo que elevó la tensión política y social en el Chapare. Sectores campesinos reaccionaron con preocupación y rechazo, acusando al gobierno de someterse a intereses estadounidenses.
Bolivia enfrenta un escenario crítico en la lucha contra el narcotráfico, con una producción que supera los límites legales y una infraestructura debilitada, mientras el regreso de la DEA reabre un debate histórico que divide al país.

