Hong Kong celebró unas elecciones legislativas marcadas por la baja participación y la conmoción causada por el reciente incendio en Wang Fuk Court, que dejó 159 muertos. A pocas horas del cierre de las urnas, solo habían votado algo más de 1,2 millones de los 4,13 millones de electores registrados, lo que indica una participación cercana al mínimo histórico y evidencia la desafección ciudadana hacia el sistema electoral reforzado por Pekín.
Los comicios buscan cubrir 90 escaños entre circunscripciones geográficas, sectores funcionales y el Comité Electoral, dominado por perfiles afines al Gobierno central. Las circunscripciones funcionales, que representan intereses corporativos y profesionales específicos, han sido criticadas por su limitada representatividad. La legislatura entrante tendrá la difícil tarea de gestionar la reconstrucción del complejo incendiado, avanzar en reformas de vivienda y seguridad de infraestructuras, y brindar apoyo social, todo mientras incorpora caras nuevas tras la retirada de una cuarta parte de los legisladores actuales.
El Ejecutivo, liderado por John Lee, incentivó la participación ampliando horarios, facilitando transporte y ofreciendo descuentos a quienes votaran, mientras que las autoridades aplicaron la estricta Ley de Seguridad Nacional, bajo la que se detuvo a activistas acusados de incitar al boicot o promover votos nulos. La Comisión Independiente contra la Corrupción reportó la detención de once personas por estos delitos, asegurando que continuará actuando contra cualquier intento de interferencia en las elecciones.
El incendio y la abstención juvenil reflejan un clima de descontento y desconfianza, dejando a la nueva legislatura con el desafío de recuperar legitimidad y atender las necesidades urgentes de la población.

