Honduras – A sus 30 años, Lourdes, una madre soltera y ayudante de albañil desde hace tres años, ha demostrado que los sueños no tienen fecha de caducidad. Con orgullo y entre lágrimas, hoy celebra su título de bachiller junto a otras 29 mujeres que, como ella, decidieron no renunciar a su derecho a superarse.
Originaria del sur de Honduras, Lourdes ha construido más que casas: ha levantado su propio futuro a fuerza de determinación. «Trabajo en construcción desde que me quedé sola con mi hija más pequeña», relata. En su día a día, mezcla cemento, corta cerámica, amarra hierro y pega bloques. «He aprendido a soldar, a hacer mezcla… todo por demostrar que no solo los hombres pueden. Eso es mentira».
Su camino no ha sido fácil. Para continuar sus estudios, tuvo que abandonar temporalmente su empleo, lo que significó un sacrificio económico importante. Sin embargo, nunca perdió de vista su meta. «Siempre voy a seguir adelante por mi hija, con altos y bajos, pero luchando», afirma con firmeza.
Lourdes también desafía los estereotipos que aún persisten en el mundo laboral: «Eso de que solo los hombres pueden hacer esas cosas de hombres, no, es mentira», dice con convicción.
Mujeres en la construcción: una minoría con fuerza
En Honduras, el sector de la construcción emplea a más de 293,000 personas, pero las mujeres representan apenas un 13 % de ese total. La mayoría se desempeña en labores de apoyo o acabado, mientras que muy pocas ejercen oficios como la albañilería de manera directa.
Por eso, la historia de Lourdes es aún más significativa: representa no solo la lucha por la educación, sino también la ruptura de barreras de género en un entorno dominado por hombres. Su historia refleja la valentía de miles de hondureñas que, día a día, luchan contra la adversidad para labrar un futuro mejor.
Lourdes es, sin duda, un símbolo de empoderamiento femenino y esperanza para toda una generación.

