Un hallazgo digno de película de ciencia ficción ha dejado boquiabiertos a los científicos: cerca de un volcán submarino frente a la costa oeste de Canadá se descubrieron 2,6 millones de huevos dorados, ocultos a casi tres kilómetros de profundidad en un entorno donde se creía imposible la vida.
Los investigadores confirmaron que estos huevos pertenecen a la raya blanca del Pacífico, un enigmático pariente del tiburón capaz de sobrevivir en las oscuras y heladas profundidades del océano. Lo más sorprendente es que cada huevo podría tardar hasta 10 años en eclosionar, lo que convierte este fenómeno en uno de los procesos reproductivos más largos y extremos del reino animal.
El área, considerada hasta ahora demasiado fría y hostil para albergar vida, resultó tener una inesperada fuente de calor: un volcán submarino que emite energía geotérmica suficiente para crear el entorno perfecto para la incubación.
Cherisse Du Preez, investigadora principal de Pesca y Océanos Canadá, explicó que es la primera vez que se documenta a una raya hembra poniendo huevos en este tipo de hábitat, y calificó el hallazgo de “salvaje”, asegurando que “desafía lo que consideramos posible para la vida en este planeta”.
El descubrimiento no solo reescribe lo que se sabía sobre los ecosistemas de aguas profundas, sino que abre la puerta a nuevas preguntas sobre cómo la vida puede adaptarse a condiciones extremas. En las profundidades donde el sol nunca llega, la naturaleza vuelve a demostrar que sus misterios apenas comienzan a revelarse.

