La madrugada se convirtió en una pesadilla insostenible cuando cientos de personas protagonizaron un violento y masivo asalto en los perímetros fronterizos, desatando una auténtica batalla campal en su intento desesperado por acceder desde el país vecino hacia las ciudades norteafricanas españolas.
Desde las inmediaciones, grupos enfurecidos se abalanzaron para forzar las vallas de seguridad y desataron una lluvia implacable de piedras contra los efectivos desplegados en la zona. Aunque el cordón de contención logró repeler la primera oleada, los amotinados regresaron con mucha más fuerza, superando en número a los agentes y obligando al uso de gases lacrimógenos para intentar frenar la avalancha.
El rastro de la revuelta dejó escenas dantescas: al menos media docena de vehículos calcinados y la carretera principal convertida en un campo minado de rocas y escombros. Lejos de calmarse, la tensión se mantuvo durante toda la noche con la llegada constante de nuevos grupos, mientras decenas de personas se instalaban a la intemperie en calles y rotondas cercanas.
Testigos en la zona aseguraron haber presenciado escenas dantescas en el mar tras intentos desesperados a nado, mientras los reportes oficiales sobre heridos y destrozos totales continúan bajo total opacidad.
La pesadilla se replicó de manera simultánea en el otro punto caliente fronterizo, donde cientos de jóvenes y menores se lanzaron de forma coordinada contra las vallas y el puerto para romper el cerco. Las autoridades locales desplegaron un operativo descomunal que terminó en persecuciones callejeras, detenciones masivas y nuevos vehículos incendiados, culminando con la entrada por la fuerza de decenas de personas que lograron burlar el dispositivo.



