Algunas de las películas más caras de la historia terminaron convirtiéndose en verdaderos desastres financieros, dejando a los estudios con pérdidas que rozan lo inimaginable. John Carter, con su impresionante presupuesto de más de 300 millones de dólares, apenas logró recaudar una cifra inferior, transformándose en uno de los mayores fiascos cinematográficos de todos los tiempos. La ambiciosa adaptación de la novela de Edgar Rice Burroughs prometía aventuras épicas en Marte, pero la crítica devastadora y la falta de conexión con el público convirtieron la película en un fracaso estrepitoso.
Cutthroat Island, con sus 115 millones de inversión, apenas logró recuperar unos pocos millones, hundiéndose en el olvido y en la memoria de los peores errores del cine. La historia de piratas que debía rivalizar con clásicos del género quedó marcada por problemas en el rodaje, conflictos entre el elenco y un guion que no convenció ni a críticos ni a espectadores.
Pluto Nash, protagonizada por Eddie Murphy, sumó pérdidas cercanas a los 95 millones de dólares por no conectar con el público ni con la crítica. La combinación de ciencia ficción y comedia parecía prometedora, pero los efectos especiales baratos y un humor que no logró convencer terminaron sepultando la película antes de que pudiera despegar.
Detrás de estos fracasos se esconden historias de sobrecostos descontrolados, campañas de marketing fallidas y expectativas desmesuradas que terminaron explotando en la cara de los estudios. Hollywood ha demostrado que incluso las superproducciones más ambiciosas pueden convertirse en verdaderas catástrofes, recordando que el éxito en la taquilla nunca está asegurado, por más dinero que se invierta o estrellas que se sumen al elenco.

