Desde que Cristiano Ronaldo aterrizó en Arabia Saudí, su vida y la de Georgina Rodríguez parecen sacadas de un sueño dorado. La familia se mudó a Riad tras el fichaje del astro portugués por el Al Nassr, y su día a día transcurre entre mansiones de ensueño, joyas exclusivas y rutinas que combinan realeza y modernidad.
Durante sus primeros meses, el clan vivió en el hotel Four Seasons Riyadh, ocupando nada menos que 17 habitaciones para su familia y su séquito. Más tarde, se instalaron en una majestuosa residencia ubicada en uno de los barrios más exclusivos de la capital saudí, con piscina privada, gimnasio al aire libre y vistas que podrían rivalizar con las de un palacio.
El lujo no termina en las paredes de su casa: Georgina luce túnicas elegantes adaptadas a las costumbres locales, mientras su armario sigue repleto de las firmas más exclusivas del mundo. Los viajes en jet privado y las escapadas en yate se han vuelto parte de su rutina, como si su vida fuera una pasarela sin fin entre la moda y la extravagancia.
Cristiano, por su parte, disfruta de su nuevo hogar con la disciplina que lo caracteriza, aunque ahora rodeado de un confort que solo unos pocos pueden imaginar. Su contrato multimillonario le permite mantener un estilo de vida de película, donde cada detalle está pensado para reflejar su estatus.
Aun así, entre tanto lujo, la pareja busca mantener los pies en la tierra: disfrutan del tiempo con sus hijos, organizan juegos familiares en los amplios salones de la mansión y comparten momentos que muestran una faceta más íntima y cálida.
Entre alfombras persas, coches de lujo y destellos dorados, la vida de Cristiano y Georgina en Arabia Saudí se ha convertido en un espectáculo continuo de opulencia y glamour, una historia que mezcla amor, fama y una dosis innegable de cuento oriental moderno.

