El papa León XIV bautizó a 20 niños y niñas en la Capilla Sixtina, bajo los famosos frescos de Miguel Ángel, e instó a los padres a guiar a sus hijos en el camino de la fe, a la que definió como «un bien esencial para vivir». La ceremonia rememora el bautizo de Jesús en el río Jordán y es una de las pocas que se celebran en este histórico lugar del Vaticano.
Durante el rito, León XIV trazó la señal de la cruz sobre los bebés, pronunció sus nombres al administrar el agua de bautismo y sostuvo con delicadeza la cabeza de los niños más inquietos. Tras recibir el sacramento, fueron revestidos con túnicas blancas, símbolo de la nueva vida, y sus padres encendieron velas en el Cirio Pascual.
La ceremonia concluyó con un rito simbólico sobre la boca y las orejas de los bebés, representando su capacidad de escuchar y proclamar la fe, tras lo cual el pontífice saludó a los padres y familiares presentes.

