/

El invierno desata un apetito feroz por la comida más contundente

233 views
4 mins read

Cada año ocurre lo mismo: apenas el frío empieza a colarse por las calles, algo en nuestro cuerpo despierta un antojo casi irrefrenable por platos potentes, cremosos y capaces de espantar el hielo del alma. Guisos humeantes, estofados espesos, mantequillas, embutidos, salsas que podrían levantar a un muerto y dulces que se derriten en la boca aparecen de golpe en la mente como si fueran un instinto primitivo imposible de esquivar.

Es normal: en la grasa y en los hidratos buscamos refugio. Pero aunque el invierno invite al pecado culinario, hay formas más ligeras —aunque igual de sabrosas— de sobrevivir a la temporada sin acabar atrapado en la pesadez.

Las verduras, por ejemplo, pueden ser auténticas reinas si se les da su lugar: cremas sedosas, sopas reconfortantes, asados llenos de color o guisos que sorprenden. Escoger las que están de temporada vuelve todo más fácil y sabroso. Incluso las congeladas hacen su magia cuando el hambre aprieta y no queda tiempo para más.

Las especias también entran en juego como un ejército aromático capaz de calentar el cuerpo en segundos. Jengibre, curry, canela, clavo, pimientas… combinaciones infinitas que transforman cualquier plato sencillo en una experiencia casi adictiva. Y si a eso se suma un toque ácido —unas gotas de limón, un chorrito de vinagre, un poco de pickles— el plato despierta y cobra vida.

Pero si hay un ingrediente que parece hecho para estos meses, son las setas: puro umami, potentes, irresistibles y capaces de convertir un plato vegetariano en algo profundamente sabroso. Frescas, deshidratadas o incluso convertidas en polvo, siempre añaden ese golpe de sabor que engancha.

Para entrar en calor sin remordimientos, los caldos ligeros son otro truco que nunca falla. Verduras, hierbas, un hervor sencillo y ya está: una base perfecta para sopas, risottos o para beber tal cual cuando el frío aprieta.

Las ensaladas también pueden sobrevivir al invierno si se les da una vuelta: hojas más robustas, ingredientes templados, quesos, frutas y vinagretas con carácter. No hay razón para abandonarlas cuando pueden ser tan reconfortantes como un guiso.

A la hora de buscar textura, no todo es grasa. Legumbres trituradas en su propio caldo, patata, yogur, avena, puré de coliflor o tahina pueden espesar sin saturar. Y si lo que se quiere es sabor, el dorado siempre gana: verduras asadas, panes tostados, carnes o pescados con ese punto crujiente que despierta todos los sentidos.

Para rematar, nada mejor que un toque crujiente final: frutos secos tostados, ralladura de limón, ajo picado, hierbas frescas… pequeños detalles que resucitan platos y suben el ánimo.

En pleno invierno, la cocina puede ser un refugio, un experimento o una tentación. Solo hace falta un poco de imaginación para disfrutar sin rendirse al letargo culinario de la temporada.

Coliflor asada > Coliflor cocida

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

Noruega se da un baño de masas en Oslo para festejar su regreso a un Mundial

Next Story

Tu playlist podría estar revelando secretos de tu personalidad sin que te des cuenta

Latest from Curiosidades