Una operación de alto riesgo sacudió la colonia San Juan del Norte de Comayagüela, donde la Dipampco capturó a dos gatilleros de la temida Pandilla 18, uno de ellos apenas un adolescente. El impacto fue inmediato: armas largas, chalecos antibalas y droga quedaron al descubierto tras el operativo.
Los detenidos fueron identificados como Jared Gerardo García Trejo, de 23 años, y un menor de apenas 15 años, conocido en el mundo criminal como “Joshua”. Según las autoridades, ambos formaban parte del brazo armado que ejecuta extorsiones, atentados y asesinatos por encargo en la capital.
El arsenal que tenían en su poder revela la gravedad de sus operaciones: dos fusiles de asalto, municiones listas para usar, un chaleco antibalas y ropa táctica que utilizaban para pasar desapercibidos entre la población civil mientras llevaban a cabo sus crímenes.
Además, se incautó un paquete de droga lista para su distribución y un teléfono celular que ahora es clave en las investigaciones. El aparato será sometido a un análisis forense digital con el fin de extraer información que permita identificar a otros miembros de la estructura y establecer vínculos con recientes ataques registrados en Tegucigalpa y Comayagüela.
Los investigadores no descartan que los fusiles estén relacionados con ataques armados contra transportistas y comerciantes que se han resistido a pagar la extorsión. Las armas ya están en manos de la DPI para realizar pruebas balísticas que podrían confirmar su participación en hechos violentos recientes.
Las autoridades insisten en que estas capturas son parte de una ofensiva que apunta a desmantelar las células operativas de las pandillas que imponen el terror en los barrios de la capital. «No solo estamos tras los cabecillas, también vamos por los que aprietan el gatillo», advirtió una fuente policial.
Mientras tanto, Jared y “Joshua” ya fueron remitidos a los tribunales, y su detención representa, según la Dipampco, “un golpe significativo” al poder de fuego de la Pandilla 18 en la zona sur de Comayagüela.
Los vecinos, aún impactados por la captura, temen que la represalia no tarde en llegar. Aunque hoy la calle parece más tranquila, el miedo persiste. La ruta del terror sigue viva… y la guerra contra las pandillas está lejos de terminar.

