La cocaína se ha convertido en un símbolo de la violencia y la ilegalidad que atraviesa Honduras. Solo en los primeros 16 días de septiembre de 2025, las autoridades incautaron 25 kilos de cocaína en operativos realizados bajo el “Plan Alcázar”, una estrategia que busca cerrar espacios al crimen organizado en barrios, carreteras y fronteras.
Pero la droga es solo una parte de la problemática. Durante el mismo periodo, se decomisaron 1,143 libras de marihuana, reflejando la diversidad de ilícitos que circulan en las calles hondureñas.
Plan Alcázar: armas, bandas y capturas
Entre el 4 y el 20 de septiembre, el plan no se centró únicamente en narcóticos. Según el reporte oficial, las autoridades también sacaron de circulación 118 armas de fuego y 269 armas blancas, desarticularon 10 bandas delictivas y detuvieron a 363 personas, de las cuales 108 estaban bajo órdenes de captura.
Cada cifra refleja operativos simultáneos en zonas urbanas y rurales, donde la violencia cotidiana marca la vida de las comunidades. El decomiso de 25 kilos de cocaína no es solo una estadística: es un ejemplo del poder del narcotráfico, que permea territorios y genera temor en la población.
En cada operativo, las comunidades observan el armamento, la organización criminal y la capacidad de corromper estructuras, mientras las autoridades recalcan que estas acciones buscan brindar tranquilidad, aunque reconocen que el problema es más profundo.
Los grupos criminales se reinventan constantemente, lo que obliga a mantener la presión policial permanente. Sin embargo, detrás de cada decomiso queda la pregunta de fondo: ¿cuánto falta para que la violencia deje de marcar el pulso de la vida cotidiana?
Septiembre deja una radiografía clara: la cocaína sigue siendo el combustible del crimen en Honduras. Aunque se decomisen cargamentos y se desarticulen bandas, la raíz del problema aún está lejos de ser erradicada.

