La desnutrición infantil continúa siendo una de las principales amenazas para la niñez hondureña. En el Hospital Escuela, seis de cada 10 niños que ingresan presentan algún grado de desnutrición, una condición que pone en riesgo directo su vida, alertó la nutricionista del centro asistencial, Rosa Sierra.
La especialista explicó que la mayoría de estos menores carece de seguridad alimentaria, lo que implica no solo la falta de acceso a alimentos, sino también la limitada disponibilidad y una deficiente educación nutricional. “Nuestra población no tiene educación nutricional y eso agrava el problema. La desnutrición está directamente relacionada con la pobreza y el alto costo de la canasta básica”, señaló.
Sierra advirtió que esta situación provoca complicaciones graves en la salud de los niños, prolonga su estancia hospitalaria y, en los casos más severos, puede llevar a la muerte. “De los niños que ingresan, uno o dos corren el riesgo de fallecer debido a su condición crítica”, afirmó.
La nutricionista lamentó que en los hogares no se fomente una alimentación adecuada y cuestionó el consumo habitual de meriendas compuestas por productos ultraprocesados. Recomendó a los padres evitar jugos enlatados, churros, galletas y bebidas azucaradas, ya que no aportan los nutrientes necesarios para el crecimiento y fortalecimiento del sistema inmunológico.
“Con el poco dinero que se tiene, se pueden adquirir alimentos de mayor valor nutricional. No se trata de gastar más, sino de elegir mejor”, explicó. Entre sus recomendaciones destacó el consumo de proteínas como el huevo, verduras, comidas variadas y la reducción del consumo de comida chatarra y sodas.
Especialistas coinciden en que la desnutrición infantil en Honduras no es un problema temporal, sino estructural, vinculado a profundas desigualdades económicas, educativas y sociales. La pobreza genera un círculo vicioso que incluye malnutrición, migración forzada, violencia y exclusión social, afectando principalmente a la niñez.
La crisis se agravó durante 2025, cuando aproximadamente 300 mil hondureños dejaron de cultivar granos básicos, una situación que amenaza con profundizar la inseguridad alimentaria y aumentar los niveles de desnutrición en miles de niños en todo el país.

