“Las Chivas fueron mis hijos, los odio a los ojetes”: Javier Pérez Teuffer, expresidente del América

Durante su etapa al frente del club azulcrema, el directivo llegó a imponer reglas especiales a sus jugadores antes del Clásico Nacional

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La rivalidad entre América y Chivas va más allá de la cancha y, para Javier Pérez Teuffer, expresidente de las Águilas, el antagonismo con el Guadalajara se convirtió en una parte fundamental de su gestión. Durante su etapa al frente del club azulcrema, el directivo llegó a imponer reglas especiales a sus jugadores antes del Clásico Nacional e incluso a ofrecerles un incentivo económico extra con tal de vencer al acérrimo rival. Más de dos décadas después, el sentimiento sigue intacto.

En entrevista exclusiva con RÉCORD, en el marco del 110 aniversario del América, Pérez Teuffer recordó su paso por la institución y dejó clara su postura sobre el Rebaño Sagrado: “Las Chivas fueron mis hijos, los odio a los ojetes”.

Omar Bravo en sus inicios con las Chivas | MEXSPORT

«Mira, cuando yo fui presidente en América, las Chivas fueron mis hijos. Las ganamos casi siempre», recordó Pérez Teuffer, quien también reveló que llegó a ofrecer incentivos económicos especiales a los jugadores para motivarlos de cara al Clásico Nacional.

“Yo les ofrecía una lanita extra, una prima. Regularmente, si ganábamos un partido, les daba una prima; yo en los clásicos les llegué a dar cinco primas”, contó el expresidente azulcrema.

La rivalidad, para Pérez Teuffer, iba más allá de lo que sucedía en la cancha. El exdirectivo reconoció abiertamente el odio deportiva que siente por el Guadalajara, sin ocultar la pasión con la que vivía cada enfrentamiento entre ambos equipos.

“Te voy a decir algo que no es de dientes para afuera y que lo deportivo es lo deportivo. Odio a las pinches Chivas, pero de a deveras. Digo, por supuesto, en lo deportivo, pero los odio a los ojetes”, expresó.

Alfredo Tena, exjugador del América, festejando el título conseguido ante Chivas, en 1984 | MEXSPORT

Esa mentalidad también buscaba transmitirla a sus jugadores antes de cada Clásico Nacional. Pérez Teuffer recordó que les pedía su máxima entrega y pedía que después del pitazo final no hubiera acercamientos amistosos.

“¿Qué les decía yo cuando jugábamos un clásico? Lo primero, que no éramos amigos. Nada de cambiarnos la camiseta o abrazarnos después del partido. Lo segundo, que le echaran ganas por el respeto a la gente que estaba viendo la televisión y pagando su boleto por vernos ganarles y ganarles especialmente a ellos”, explicó.

América sí tuvo ventaja sobre Chivas

Las palabras de Pérez Teuffer también encuentran respaldo en los resultados. Durante su gestión, el América terminó con 5 victorias por 4 de chivas y 4 empates, incluyendo el duelo más importante de su etapa: los cuartos del final del Invierno 99.

El exdirectivo también recordó una anécdota de Manuel Lapuente para explicar la presión de representar al América. Cuando el entrenador llegó al club, colocó un letrero afuera del vestidor con una frase que, según Pérez Teuffer, reflejaba cómo vivían los rivales el enfrentamiento contra las Águilas.

“Cuando llegó Manuel Lapuente al América, puso un letrero fuera del vestidor que decía: ‘El domingo jugamos contra el América’. Entonces yo le pregunté: ‘¿Para qué pusiste eso?’. Me dice: ‘Es que los que odiamos al América, ya no nos importaba dos semanas antes con quién íbamos a jugar; ya estábamos esperando el partido del América porque lo odiábamos’”.

“Los equipos salen con el cuchillo entre los dientes a tratar de devorarnos y eso es a lo que el América se enfrenta todas las semanas”, relató.

Teuffer guarda un cariño especial por la institución azulcrema, en la que nació y creció como parte de su vida profesional. Durante su gestión, el equipo también consiguió el título del 2002 que representó el fin de una larga espera para el americanismo.

“Lo recuerdo con mucho cariño, es un lugar en el que yo nací, crecí, me desarrollé, tuve la oportunidad de ser presidente y, finalmente, tuve la suerte y la bendición de Dios de ser campeones después de 13 años. Una cosa inolvidable y muy gratificante para la parte tanto profesional como personal”, señaló.

Sin embargo, dirigir al América también implicó atender las exigencias de una institución acostumbrada a competir por los primeros lugares.

“Lo que más me exigió de ser presidente era la afición misma, más allá de la gran pasión que tiene Emilio Azcárraga por el equipo y su desesperación porque las cosas no se daban, pero había que trabajar mucho en la disciplina interna, en los reglamentos de trabajo, en traer gente que comulgara con las ideas del club”, concluyó.