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¡Ni el pescado ni los flotadores salvan la temporada! Trujillo siente el bajón de turistas

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TRUJILLO, COLÓN. — ¡La Semana Morazánica no está siendo como la pintaban! Mientras algunos vacacionistas hacen cuentas para ver si les alcanza para salir de paseo, en Trujillo, Colón, los comerciantes esperan que el movimiento turístico levante cabeza antes de que termine el feriado.

María Magdalena Mazor, propietaria del restaurante Brisas del Mar, asegura que las ventas han bajado considerablemente en comparación con otras temporadas vacacionales. Con 29 años de experiencia en el negocio, reconoce que la situación comienza a preocuparla, pues la llegada de visitantes no ha sido la esperada.

“Esta Semana Morazánica ha bajado bastante”, expresó la comerciante, quien considera que el elevado precio de los combustibles es uno de los factores que estaría frenando los viajes de muchas familias hondureñas.

Y es que, entre llenar el tanque del vehículo y pagar la comida, más de algún vacacionista podría terminar haciendo cuentas antes de lanzarse a la aventura.

¡Aquí hay pescado, camarones y precios para todos los gustos!

Ante los comentarios sobre el costo de la comida en el puerto, Mazor defendió los precios que ofrece en su establecimiento. Explicó que vende pescado por 250 lempiras, chuletas por 290 y platos de camarones con nueve unidades, según detalló durante la entrevista.

La propietaria sostuvo que busca ofrecer porciones satisfactorias sin exagerar los precios y aseguró que los clientes que llegan a su restaurante suelen manifestarle que la comida es sabrosa.

Sin embargo, también reconoció que la disminución de las áreas de playa podría influir en la actividad comercial, debido a que algunos visitantes buscan disfrutar del mar mientras consumen alimentos o pasan el día en la costa.

Mazor manifestó su preocupación por los negocios que, según su percepción, se han instalado demasiado cerca del mar. Advirtió que las condiciones pueden cambiar repentinamente y que las olas representan un peligro, especialmente para los niños.

Por ello, hizo un llamado a los padres de familia para que mantengan la vigilancia sobre sus pequeños y eviten distraerse con el teléfono celular mientras estos juegan cerca del agua.

 

¡Los flotadores esperan clientes y los comerciantes esperan el milagro!

Pero el bajón no solamente se siente en los restaurantes. Víctor López, comerciante trujillano dedicado a la venta de flotadores y artículos para la temporada de vacaciones, también reportó una menor presencia de turistas.

Según explicó, el movimiento de este año ha sido inferior al del año pasado y atribuyó parte de la situación al mal tiempo, al encarecimiento del combustible y a la reducción de las zonas de playa disponibles para los visitantes.

Los precios de los flotadores que ofrece van desde los 100 lempiras hasta los 280, dependiendo del producto. López señaló que procura mantener los costos lo más accesibles posible, aunque adquirir la mercadería y trasladarla desde San Pedro Sula resulta más caro debido al incremento de los gastos de transporte.

El comerciante explicó que el aumento de los costos también alcanza a otros productos de consumo diario, lo que dificulta mantener los precios sin afectar las ganancias.

Pese al panorama, no pierde la esperanza de que el viernes y el sábado llegue una mayor cantidad de visitantes y mejore el movimiento comercial.

 

Trujillo lanza la invitación: ¡todavía hay playa para disfrutar!

A pesar de las dificultades, López invitó a los hondureños a visitar el puerto de Trujillo, destacando sus atractivos naturales y la presencia de instituciones de seguridad y atención de emergencias durante la temporada.

Los comerciantes esperan que las condiciones climáticas mejoren y que más familias se animen a visitar este destino turístico del departamento de Colón.

Por ahora, la realidad es clara: mientras los turistas calculan cuánto gastar en combustible, comida y diversión, los propietarios de restaurantes y vendedores de artículos de playa esperan que la temporada repunte y que la Semana Morazánica no termine siendo, para sus bolsillos, una semana de pocas ventas y muchas preocupaciones.