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Shin Fujiyama, el 1,000 corazones que todo Honduras pide para Presidente

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Por José Luis Barralaga

Ilanga, Colón. Shin Fujiyama, ¿te suena ese nombre, ese hombre? A quién no si es el personaje más famoso y amado de Honduras.
El filántropo japonés-estadounidense, quien estará en Ilanga, Trujillo, Colón, en los próximos días inaugurando un módulo de aulas imponente en el Instituto Modesto Rodas Alvarado, es el promotor y líder de la Fundación 1,000 Escuelas que construye en Honduras centros educativos para hacer más dignas las condiciones de la educación y cambiarle la historia de vida a miles de niños de este país que nacen sin esperanza y sin oportunidades.
Su sueño era ser médico, pero renunció a esa ilusión después que vino como voluntario universirario a Honduras y se enamoró de este país y de su gente.
Después de cumplir su misión como voluntario, en el avión que regresaba a EEUU triste por tanta injusticia vista con sus propios ojos, se encontró un norteamericano que le propuso que regresaran a ayudar a la gente, por lo que Shin no dudó en darle el OK.
Comenzaron a construir viviendas para personas pobres. A parte de eso construyó una escuela bilingue (Villa Soleada) y un centro para llevar a niños en riesgo social, rescató a muchos.
Preocupado por la niñez desamparada, luego a Shin se le ocurrió construir escuelas, ha inaugurado 116 centros educativos en todo el país, incluida la Mosquitia donde enfrentó un reto para edificar una escuela y un kínder en la olvidada y remota Umru.
Su misión y la entrega de su corazón para la gente de un país en el que los gobiernos le apuestan poco o casi nada a la educación, ha llevado al influencer a ser el héroe sin capa más idolatrado y querido de Honduras.
La gente hasta lo pide para Presidente, pero tristemente no pude serlo por su condición de extranjero.
Uno que otro amargado lo ha cuestionado, pero la población les cae como avispas y lo defienden a muerte, siempre salen en defensa del japonés y de su integridad.
«He decidido construir 1,000 escuelas en Honduras también para honrar a mi madre que es maestra, ella está feliz con lo que estoy haciendo», comenta Shin.
En Honduras es un «dios», la población lo adora, lo idolatra
y los patrocinadores confían ciegamente en él.
Fujiyama está casado con la hondureña Yeimi Licona, son padres de la pequeña Sofía Shin.
Su único miedo es que algún día le dé por mirar atrás y ya no tenga tiempo de atender a su hija Sofía, dice Fujiyama.
Ha corrido con éxito miles de kilómetros en maratones para recaudar fondos, en una de ellas el presidente salvadoreño Nayib Bukele premió su intención y esfuerzo y le donó cerca de dos millones de lempiras que ha invertido en escuelas, uno de los favorecidos fue el Instituto Modesto Rodas Alvarado de Ilanga, Colón.
Shin es el intocable, pareciera ser el hombre perfecto con un solo defecto: no hondureño, sino ya fuera presidente.