Arabia Saudita, Catar y Omán persuadieron al presidente estadounidense, Donald Trump, de no lanzar un ataque militar contra Irán en represalia por la represión de las manifestaciones que comenzaron el 28 de diciembre por el aumento del costo de la vida y se convirtieron en un movimiento contra el régimen teocrático. Los países del Golfo advirtieron sobre las «graves repercusiones» que tendría cualquier acción militar en la región y realizaron un esfuerzo diplomático intenso para dar a Irán la oportunidad de mostrar buenas intenciones.
El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchi, aseguró que Irán se defenderá frente a cualquier amenaza extranjera y solicitó condena internacional ante cualquier injerencia. Turquía y China también se manifestaron en contra de una operación militar, mientras que Catar retiró parte del personal de la base estadounidense de Al-Udeid.
Según informes de derechos humanos, al menos 3.428 manifestantes habrían muerto desde el inicio de las protestas. Sin embargo, las autoridades iraníes indicaron que la situación en Teherán ha vuelto a la normalidad y que mantienen control total del país. Sobre el caso del manifestante Erfan Soltani, detenido y acusado de atentar contra la seguridad nacional, se confirmó que no enfrentará la pena de muerte, sino posibles sanciones de prisión.

