En un giro sorprendente del arte al servicio del medio ambiente, Miami Beach ha sumergido decenas de vehículos de hormigón en sus aguas para crear un arrecife artificial que atraiga corales y recupere la biodiversidad perdida. El proyecto, llamado Reefline, transforma los autos, símbolos de contaminación en tierra, en “macetas” submarinas capaces de sostener la vida marina.
La iniciativa, liderada por la artista argentina Ximena Caminos, ha colocado los autos a unos seis metros de profundidad y ya comienza a mostrar los primeros corales adheridos, gracias al uso de materiales ecológicos diseñados para favorecer su crecimiento. Cada escultura busca replicar un arrecife de hasta once kilómetros a lo largo de la costa, permitiendo que especies casi desaparecidas regresen a estas aguas.
Visitar esta “ciudad subacuática” es posible a nado, en kayak o mediante embarcaciones que proporcionan el equipo de buceo necesario, aunque la organización Reefline advierte que no se debe tocar ninguna estructura. La instalación ha sido diseñada para resistir huracanes y ya cuenta con el apoyo de figuras como Gloria y Emilio Estefan, quienes “adoptaron” algunas de las esculturas con placas con sus nombres.
El proyecto apunta a financiar los 33 millones de dólares necesarios a través de acuerdos públicos y privados, y en el futuro contempla replicar la experiencia en playas de Dubái y Maldivas, llevando el arte y la ecología a un escenario global.

