El Banco Mundial (BM) estimó que el crecimiento económico en América Central se mantendrá estable en un 3.6% en 2026 y 3.7% en 2027, según su informe de proyecciones regionales.
El documento señala que la disminución de los flujos de remesas afectará negativamente la actividad económica, aunque la subregión continuará beneficiándose de exportaciones resilientes y del crecimiento de Estados Unidos.
En el Caribe, se proyecta un crecimiento subregional de 5.2% en 2026 y 6.6% en 2027, impulsado principalmente por el auge petrolero de Guyana. Sin embargo, si se excluye a este país, el crecimiento se estima en 2.9% y 3.7%, apoyado por el turismo y los servicios conexos.
A nivel de América Latina y el Caribe, se espera un crecimiento del 2.3% en 2026, con una ligera recuperación frente a la desaceleración de algunos países, causada por tensiones comerciales y baja demanda interna. Para 2027, el crecimiento regional se consolidaría en 2.6%, gracias a la recuperación de los flujos comerciales y la mejora de la demanda interna.
Riesgos y desafíos
El informe advierte sobre riesgos adversos, como posibles aumentos arancelarios o restricciones comerciales derivadas de la revisión del acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, que afectarían especialmente a México por sus estrechos vínculos con la economía estadounidense.
Un crecimiento mundial menor al esperado podría provocar caídas en los precios de los productos básicos, afectando los ingresos fiscales y los saldos externos de la región. Además, el endurecimiento de políticas migratorias podría reducir el ingreso de remesas en América Central y el Caribe, impactando el consumo y las cuentas corrientes.
La volatilidad financiera y los elevados niveles de deuda pública en varios países dejan a la región vulnerable a cambios bruscos en las condiciones mundiales. Por su parte, el cambio climático representa un riesgo adicional, ya que fenómenos como La Niña podrían incrementar la probabilidad de sequías en el sur de América del Sur.
Oportunidades
Entre los aspectos positivos, el BM destaca que la adopción de la inteligencia artificial podría impulsar la productividad, especialmente en países con una fuerza laboral más educada. No obstante, advierte que esta misma tecnología podría generar perturbaciones en los mercados laborales regionales.

