Decenas de hondureños que son expulsados desde Estados Unidos están quedando varados en Tenosique, Tabasco, sin ser retornados directamente a su país. Desde ese punto, cada migrante debe buscar por sí mismo transporte, dinero y la forma de cruzar hacia Guatemala, con la esperanza de eventualmente llegar a Honduras o evitar el regreso.
En medio de esta situación, el albergue La 72 se convierte en un refugio temporal donde pueden dormir, comer y buscar información, aunque la incertidumbre persiste. Muchos rechazan regresar a Honduras debido a la violencia, la inseguridad y la falta de oportunidades que los obligaron a migrar.
El tránsito hacia Guatemala y Honduras también es peligroso. En Petén, los migrantes enfrentan delincuencia, extorsiones, secuestros y la presencia de redes criminales, mientras la protección oficial es limitada. Sin escoltas ni corredores humanitarios, los hondureños avanzan vigilantes y endeudados, expuestos a múltiples riesgos, en un tránsito forzado donde el retorno seguro se ha vuelto casi imposible.

