El gobierno de Irán ha reprimido con violencia las protestas antigubernamentales que se desarrollan desde hace dos semanas, dejando al menos 192 manifestantes muertos, según la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega. La cifra podría ser mayor debido a la falta de acceso a internet que dificulta la verificación de información.
Las movilizaciones comenzaron por el aumento del costo de vida, pero se transformaron en un movimiento contra el régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979. En respuesta, las autoridades convocaron manifestaciones en apoyo a la República Islámica y decretaron tres días de duelo nacional por los fallecidos, incluyendo miembros de las fuerzas de seguridad.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, llamó a la población a participar en una «marcha nacional de resistencia» para denunciar lo que el gobierno considera actos de «criminales terroristas urbanos». Por su parte, el presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Ghalibaf, advirtió que, en caso de un ataque estadounidense, «tanto el territorio ocupado como los centros militares y navales de Estados Unidos serán objetivos legítimos».
En Jerusalén, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, expresó su esperanza de que «la nación persa sea pronto liberada del yugo de la tiranía», mientras que Pezeshkian insistió en que el pueblo no permita que los alborotadores alteren la sociedad.

