Donald Trump, a sus 79 años, está a punto de completar su primer año de un segundo mandato marcado por decisiones explosivas y polémicas internacionales. Desde la autorización de operaciones militares en Venezuela hasta la amenaza de bombardear Nigeria, su administración ha mostrado una postura agresiva y unilateral en política exterior, mientras busca consolidar su influencia en el hemisferio occidental frente a Rusia y China.
Durante este año, Trump ha emitido centenares de órdenes ejecutivas sin pasar por el Congreso, rodeado de un gabinete completamente leal y adulador. Ha impulsado cambios controvertidos en la Casa Blanca, desde la decoración dorada de la Oficina Oval hasta la construcción de un gran salón de fiestas y la rebautización del Centro Kennedy de las Artes, provocando protestas y cancelaciones de conciertos.
En política interna, su obsesión por deportar inmigrantes indocumentados ha llevado a la expulsión de cerca de medio millón de personas, mientras que las demandas judiciales y aranceles a importaciones han generado conflictos legales y comerciales con múltiples países, incluidos Canadá, México y China. Además, utiliza el Departamento de Justicia para vengarse de antiguos adversarios legales y enfrenta acusaciones por vínculos pasados con Jeffrey Epstein, las cuales ha negado rotundamente.
En materia internacional, Trump mantiene una relación ambivalente con Europa y considera al líder ruso Vladimir Putin como un aliado, mientras impone a Ucrania demandas para alcanzar un acuerdo de paz y despliega fuerzas navales en el Caribe con el objetivo de derrocar a Nicolás Maduro en Venezuela, con miras futuras hacia Colombia o Cuba.
Con el 2026 acercándose, las elecciones de mitad de mandato serán un reto para Trump, cuya popularidad ronda apenas el 31%, mientras busca asegurar el control republicano en el Congreso de cara a las elecciones presidenciales de 2028. La incógnita sobre su sucesor o candidato favorito sigue siendo un dilema que marcará los próximos pasos de su controvertido liderazgo.

