El Gobierno de Estados Unidos lanzó un nuevo golpe contra el comercio energético de Irán al sancionar a 29 buques y a las empresas que los operan, acusados de integrar una compleja red marítima diseñada para burlar las restricciones internacionales. Según Washington, estas embarcaciones formarían parte de la llamada “flota fantasma”, utilizada para transportar crudo y derivados iraníes mediante maniobras encubiertas que permiten ocultar el origen real de la carga y su destino final.
Las autoridades estadounidenses sostienen que esta red ha movilizado cientos de millones de dólares en hidrocarburos, recursos que terminarían fortaleciendo financieramente a Teherán pese al cerco económico impuesto. Las investigaciones apuntan a prácticas como la manipulación de sistemas de rastreo, cambios de bandera y transferencias de carga en alta mar para eludir controles.
Entre los señalados aparece el empresario egipcio Hatem Elsaid Farid Ibrahim Sakr, vinculado a varias compañías relacionadas con siete de los buques sancionados. También figuran navieras con operaciones registradas en distintos puntos del mundo, desde Medio Oriente hasta Asia y América, lo que revela el alcance global de la estructura investigada.
Esta ofensiva se enmarca en la política de presión máxima de Estados Unidos contra Irán, cuyo objetivo es encarecer y dificultar las exportaciones de petróleo del país persa. El mensaje es claro: cualquier actor que facilite estas operaciones clandestinas quedará expuesto a sanciones severas y al aislamiento financiero internacional.

