Cambiar las sábanas no es solo cuestión de orden, es un asunto de salud que muchos subestiman. Mientras algunas personas esperan semanas, o incluso un mes, antes de renovarlas, los expertos advierten que ese tiempo es un verdadero riesgo para la piel y las vías respiratorias. Cada noche, nuestro cuerpo deja sudor, células muertas, restos de cosméticos y humedad, creando un caldo de cultivo perfecto para bacterias y ácaros que prosperan sin que nos demos cuenta.
El dermatólogo Alejandro Ruiz recomienda no esperar: las sábanas deberían cambiarse al menos una vez por semana, y en personas con alergias, asma o piel sensible, incluso cada 3 o 4 días. El verano y la compañía de mascotas obligan a aumentar la frecuencia, pues el sudor y los pelos aceleran la contaminación de la tela.
Pero no basta con cambiar la ropa de cama; la forma de lavarla es clave. Usar agua caliente cuando la etiqueta lo permite, secar al sol o en lugares ventilados y no mezclar sábanas con ropa muy sucia son pasos fundamentales. Las fundas de almohada, que acumulan grasa, sudor y maquillaje, requieren atención especial.
Cuidar la higiene de la cama no solo garantiza un sueño más reparador, sino que puede prevenir brotes de piel, irritaciones, infecciones respiratorias y molestias crónicas. Un pequeño cambio semanal que puede marcar una diferencia enorme en la salud.
