Tras la debacle que sacudió a la Selección de Honduras en sus últimos partidos, Reinaldo Rueda apareció ante la prensa con el rostro desencajado y la voz quebrada, reconociendo sin rodeos el fracaso. Entre lágrimas, aceptó que el golpe ha sido devastador y que la mente del equipo terminó jugándoles en contra, dejándolo con una profunda amargura.
El técnico colombiano sorprendió al iniciar su intervención con un llanto sincero que dejó en silencio a la sala. Luego pidió disculpas al país y aseguró que lo vivido frente a Nicaragua y Costa Rica es un duro baño de humildad del que deberán aprender si quieren levantarse.
“Hoy el fútbol nos está dando una lección de humildad. Los partidos hay que jugarlos. Hicimos un buen trabajo, pero no ajustó. Las ironías del fútbol nos dejan fuera por un gol. La deuda es no clasificar al Mundial. Hoy la mente nos traicionó y esto nos llena de amargura y dolor”, expresó, visiblemente afectado.
Rueda confesó que el grupo se confió antes de tiempo, creyendo que el camino estaba prácticamente asegurado. “Queríamos pasar directo, pero celebramos antes de jugar. No asumimos ese juego de Nicaragua con intensidad y caímos ante un rival que entró a jugar por dignidad. Lo de Managua fue el punto de inflexión que nos saca del Mundial. Las bajas sensibles nos perjudicaron, los que llegaron se entregaron, pero no fue suficiente.”
Sobre su futuro, dejó entrever que no está listo para despedirse, aunque reconoce que el golpe lo perseguirá varios días. “Si iba al Mundial me retiraba por la puerta grande. Ahora hablé con los jugadores y uno quisiera seguir, es la pasión. Fueron 27 meses intensos. La clasificación se nos escapó de las manos. Me quedo con el buen trabajo que hicimos.”
La conferencia, marcada por una mezcla de dolor, frustración y confesiones crudas, dejó claro que la herida es profunda y que el futuro inmediato de la bicolor aún está envuelto en incertidumbre.

