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Analistas dibujan un escenario inquietante: cómo sería una guerra entre Venezuela y EE.UU.

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La tensión entre Caracas y Washington ha llevado al gobierno de Nicolás Maduro a declarar una “máxima preparación” militar y activar el “Plan Independencia 200”, que moviliza a las Fuerzas Armadas, la milicia bolivariana y otros cuerpos de seguridad en todo el país. Según Maduro, EE.UU. tendría “8 barcos militares, 1.200 misiles y un submarino nuclear” apuntando a Venezuela, una amenaza que ha reforzado el discurso de resistencia y alistamiento popular.

Venezuela ha organizado 284 “frentes de batalla” en zonas estratégicas como instalaciones petroleras, aeropuertos y fronteras. Analistas militares señalan que la estrategia del país sudamericano sería asimétrica: defensa urbana, guerrilla y milicia civil con armas sencillas, buscando que cualquier intervención estadounidense sea costosa y prolongada.

Sin embargo, el ejército venezolano enfrenta serias limitaciones. La corrupción, el bajo mantenimiento de equipos y la escasa preparación operativa reducen la capacidad de combate convencional. Su marina es débil y carece de submarinos operativos significativos, lo que limita sus opciones frente a una potencia como EE.UU.

El riesgo de choques aéreos o navales es real. Venezuela podría desplegar misiles de defensa para protegerse, mientras que cualquier ataque estadounidense tendría que considerar los costos de una ocupación prolongada, dada la posible resistencia guerrillera.

En el plano internacional, Maduro ha buscado apoyo de aliados como Rusia, China o Irán, aunque su intervención directa en un conflicto abierto no está garantizada. El respaldo probablemente se limite a armamento o cooperación estratégica.

Un enfrentamiento tendría consecuencias humanitarias graves: desplazamientos masivos, destrucción de infraestructura y un impacto severo sobre la población civil. Además, podría alterar la política regional y la diplomacia en América Latina.

En conclusión, los expertos coinciden en que no sería una guerra convencional. La estrategia venezolana apunta más a infligir costos y prolongar la resistencia que a ganar un combate directo, mientras que EE.UU., aunque superior militarmente, enfrentaría desafíos estratégicos y logísticos considerables para sostener cualquier ocupación. La movilización actual demuestra que las amenazas no son solo retóricas, aunque aún existen muchas incógnitas sobre la posibilidad de que esto escale a un conflicto armado a gran escala.

EEUU nuevamente evalúa posible intervención en Venezuela tras apoyo de  países de Latinoamérica

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