Lo que escuchas no es solo una cuestión de gusto: según una investigación internacional, tu música favorita podría estar diciéndole al mundo quién eres realmente. Y lo más llamativo es que este patrón se repite sin importar fronteras, idiomas o culturas. Más de 350.000 personas participaron en un análisis que dejó una conclusión inquietante: tus canciones hablan de ti más de lo que imaginas.
Los investigadores clasificaron los estilos musicales en cinco grandes grupos, desde lo melódico hasta lo más intenso, y encontraron conexiones sorprendentes con los rasgos de personalidad. Si te encanta la música contemporánea —pop, rap, electrónica, reguetón—, es muy probable que seas alguien sociable, energético y con una vida social movida. En cambio, quienes prefieren lo suave y cálido como el soul o el folk suelen ser personas amables, cercanas y tranquilas.
Los más organizados y responsables tienden a alejarse de la música intensa, buscando ritmos más controlados, mientras que aquellos que aman la exploración y lo diferente suelen caer rendidos ante géneros sofisticados como el jazz o la música clásica. Y, aunque parezca contradictorio, muchas personas emocionalmente sensibles encuentran refugio en sonidos fuertes como el metal o el punk, quizá porque les ayudan a canalizar lo que sienten.
Lo curioso es que estos patrones se repiten en países tan distintos como Chile, Nigeria o Tailandia. Incluso la ubicación geográfica parece tener algo que ver: en zonas más cálidas, la afinidad entre extraversión y música vibrante es aún mayor, como si el ambiente acompañara el ritmo interior.
Más allá de la curiosidad, estos hallazgos podrían servir para crear herramientas terapéuticas basadas en música, mejorar el bienestar emocional o incluso afinar las recomendaciones de plataformas de streaming para que encajen mejor con tu estado de ánimo.
Aun así, nada está completamente definido. Que hoy ames el rock no asegura que mañana no te enamores del jazz. La música, como las personas, cambia, crece y se transforma. Cada playlist es como un espejo en movimiento: muestra quién eres, pero también quién estás empezando a ser.
La próxima vez que pongas tus audífonos, recuerda que no solo estás disfrutando de una canción; tal vez estás revelando un pedazo de tu esencia sin decir una sola palabra.
