Donald Trump estaría considerando una ofensiva militar contra Venezuela, una decisión que podría cambiar por completo el panorama político y económico del continente. Según fuentes cercanas a su entorno, el presidente de Estados Unidos analiza diferentes estrategias que van desde ataques aéreos selectivos hasta operaciones destinadas a capturar o eliminar al mandatario Nicolás Maduro.

El plan incluiría el despliegue de miles de tropas y unidades de élite en el Caribe, así como la intervención directa en los campos petroleros venezolanos, considerados por Washington como un objetivo estratégico de primer orden. La Casa Blanca busca construir una base legal para justificar cualquier acción, apoyándose en la acusación de que Maduro lidera una organización narcoterrorista.
Mientras algunos asesores insisten en una operación rápida y contundente para “acabar con el régimen chavista”, Trump se mantiene cauto, temeroso de que una ofensiva fallida se convierta en un desastre político. Aun así, ha preguntado insistentemente qué beneficios concretos obtendría Estados Unidos de una intervención, con especial interés en el control de las reservas de petróleo más grandes del planeta.
El Pentágono ya ha reforzado su presencia en la región con bombarderos B-52 y B-1, drones armados y buques de guerra, en una clara demostración de poder que busca presionar psicológicamente a Maduro. La presencia del portaaviones Gerald R. Ford, con más de 75 aeronaves de combate a bordo, ha incrementado las especulaciones sobre un inminente ataque.
Trump ha prometido “continuar atacando a los narcoterroristas que envían drogas y criminales” hacia Estados Unidos, declaraciones que algunos interpretan como una advertencia directa al gobierno venezolano. Sin embargo, dentro del propio entorno de Trump hay voces que le recuerdan que su legado político se basó en poner fin a las “guerras eternas”, no en desatar una nueva confrontación en América Latina.
La tensión crece mientras el mundo observa con cautela. Si el presidente decide avanzar, Estados Unidos podría estar a las puertas de una nueva guerra por el control del petróleo y el poder en el hemisferio sur.

