Detrás del inquietante terror de “La bruja”, la película que lanzó a la fama a Anya Taylor-Joy y marcó el debut del director Robert Eggers, se esconde una historia que parece salida de un ritual maldito. Lo que en pantalla se sintió como una presencia diabólica, fuera del set fue una auténtica pesadilla: una cabra de comportamiento impredecible, ataques violentos y accidentes que enviaron al hospital al protagonista masculino del film.
Con apenas 18 años, Anya Taylor-Joy llegó al rodaje de la inquietante historia sobre una familia puritana que enfrenta fuerzas malignas en el bosque de Nueva Inglaterra sin imaginar que compartiría escenas con un animal al que los miembros del equipo terminarían llamando “la cabra satánica”. Charlie, el macho cabrío que interpretó a Black Phillip, no tardó en convertirse en la verdadera estrella —y en el mayor problema— del rodaje.
Ralph Ineson, quien encarnó al padre de familia, confesó que trabajar con Charlie fue “una guerra diaria”. El animal lo embistió en repetidas ocasiones, lo envió tres veces a urgencias y llegó a dislocarle un tendón de las costillas. “Tenía dos modos: dormirse o atacarme. No había punto medio”, recordó el actor con ironía.
Robert Eggers, fiel a su estilo obsesivo por el realismo, se negó a sustituir al animal por efectos digitales. Intentó usar marionetas y hasta versiones más pequeñas del macho cabrío, pero ninguna transmitía la amenaza que emanaba de Charlie. “Si queríamos que hiciera algo violento, se dormía; si debía quedarse quieto, corría como un loco”, admitió el director.
El rodaje se volvió un ejercicio de resistencia psicológica. Entre el frío del bosque canadiense, los gritos del elenco infantil y el peligro de ser embestidos en cualquier momento, la tensión era tan real que muchos aseguraban sentir “una energía oscura” en el set. Incluso los técnicos afirmaron que algunas escenas parecían “malditas”: las luces fallaban, el clima cambiaba bruscamente y los animales del entorno se agitaban sin razón aparente.
Anya Taylor-Joy, pese a los sustos, logró mantener la calma y dar una interpretación que fascinó a la crítica. Su transformación de adolescente inocente a figura casi demoníaca en la película se volvió tan impactante que muchos creyeron que el miedo en sus ojos no era solo actuación. “Había momentos en que no sabía si Anya estaba actuando o si realmente estaba asustada”, comentó Eggers tiempo después.
La cabra satánica, por su parte, nunca volvió a repetir su “hazaña” cinematográfica. Tras “La bruja”, fue retirada del cine y pasó sus días en una granja de Carolina del Norte. Pero su legado quedó grabado en la historia del terror moderno: fue el animal que convirtió un rodaje en una experiencia infernal y ayudó a crear una de las películas más perturbadoras de la última década.
“La bruja” no solo lanzó la carrera de Anya Taylor-Joy, sino que cambió para siempre el género del terror. Sin efectos exagerados ni monstruos digitales, Eggers demostró que el verdadero horror puede surgir de lo más simple… incluso de una cabra que parecía estar poseída por el mismísimo Diablo.

