La tierra no perdonó. Un cerro colapsó en la colonia El Reparto por Bajo, en Tegucigalpa, lanzando violentas correntadas de lodo que arrasaron con casas, calles y muros. La escena es desoladora: viviendas aplastadas, postes a punto de caer, barro por todas partes y el silencio roto por los crujidos que anuncia que lo peor aún no ha terminado.
La pesadilla ha obligado a unas 65 familias a abandonar todo: sus casas, sus recuerdos, su vida construida a pulso. El suelo sigue cediendo sin tregua, mientras los vecinos, entre lágrimas, vigilan lo poco que les queda desde la distancia. Algunos aún se turnan para cuidar pertenencias en estructuras que podrían venirse abajo en cualquier momento.
El área está cercada. La Empresa Nacional de Energía Eléctrica cortó el fluido eléctrico por el riesgo de un cortocircuito fatal. El lodo no deja de brotar del cerro reventado, y lo que antes eran calles ahora son canales de barro espeso y escombros.
En los últimos días, al menos 20 casas más fueron desalojadas a la fuerza. Las fallas geológicas están vivas. Se escuchan estallidos subterráneos como advertencias de que el desastre no ha terminado. Desde construcciones de tres niveles hasta humildes viviendas de bloque, todas están condenadas por la furia de la tierra y el abandono histórico de las autoridades.
A pocos metros, en la colonia Guillén, las grietas siguen abriéndose como heridas en la montaña. Los vecinos, desesperados, claman por ayuda mientras ven cómo sus hogares se parten por la mitad, con la angustia de no saber si la próxima lluvia será la última gota.
Las autoridades admiten que las pérdidas superan ya los 850 millones de lempiras y que más de 600 barrios y colonias están en alto riesgo. Pero para las familias de El Reparto por Bajo, los números no importan: ya lo perdieron todo.
Y mientras las lluvias siguen cayendo, el lodo continúa su marcha, implacable, sin que nadie pueda detenerlo.


