La violencia volvió a teñir de sangre las solitarias carreteras de Yorito, Yoro, donde dos jóvenes fueron brutalmente asesinados mientras se desplazaban por la zona. La escena fue dantesca: los cuerpos sin vida de Jonathan Aguilar y Juan Carlos Cruz quedaron tendidos sobre el asfalto, en medio de la oscuridad, tras ser acribillados por desconocidos que les dispararon sin piedad.
El ataque, ejecutado con extrema violencia, ha sacudido a los habitantes del municipio, quienes despertaron con la estremecedora noticia. Testigos aseguraron haber escuchado múltiples detonaciones, seguidas de un silencio sepulcral que solo fue interrumpido por la llegada de las autoridades.
Elementos policiales acudieron al sitio para iniciar con las diligencias del caso, realizar el levantamiento de los cuerpos y recolectar las primeras evidencias. Sin embargo, hasta el momento no se reportan capturas ni se manejan hipótesis claras sobre el móvil del crimen.
Mientras la comunidad exige respuestas y justicia, las cifras de homicidios en Honduras continúan siendo alarmantes, especialmente en departamentos como Yoro, donde la violencia sigue dejando un rastro de muerte y dolor.
Aunque las autoridades destacan una baja en los homicidios a nivel nacional en los últimos años, lo cierto es que el país aún enfrenta una profunda crisis de seguridad. En 2024 se contabilizaron 2,503 asesinatos, una cifra que, aunque menor que la del año anterior, sigue reflejando una preocupante realidad.
Departamentos como Cortés, Francisco Morazán, Olancho y Yoro concentran los mayores niveles de violencia, con decenas de crímenes cada mes. Municipios como San Pedro Sula y el Distrito Central continúan figurando entre los más peligrosos del país.
El doble asesinato de estos jóvenes es un nuevo recordatorio de que, en muchas regiones de Honduras, la muerte puede estar esperando a la vuelta de la esquina.

